miércoles, noviembre 08, 2006

La importancia del laboratorio

En la última revisión de su libro ‘El negativo’, Ansel Adams escribió el siguiente texto (sic)

"Espero ansioso nuevos procesos y nuevos desarrollos. Creo que la imagen electrónica será el próximo gran avance. Estos sistemas tendrán características estructurales ineludibles, y tanto los artistas como los técnicos deberán hacer un renovado esfuerzo para comprenderlos y controlarlos".

Cuando murió en 1984 la revolución de la fotografía digital estaba lejos siquiera de ser avistada, pero como visionario que fue en los comienzos de la fotografía química, trabajando mano a mano con George Eastman (fundador de Kodak e inventor del carrete), tenía clara la dirección en la que iba a ir la técnica, y de su mano, el arte de la fotografía. La primera cámara digital fue desarrollada por Kodak, que encargó a Steve Sasson la construcción de una en diciembre de 1975. Tenía el tamaño de una tostadora y el equivalente a 0.01 megapixels.

Los hermanos Thomas y John Knoll comenzaron en 1987 el desarrollo de lo que se vendría a llamar Photoshop, y su primera versión vió la luz en 1990, a partir de los trabajos de tésis doctoral en imagen por ordenador de Thomas y de las ideas de John, que trabajaba en Industrial Light and Magic, la empresa de efectos especiales de George Lucas. Las herramientas han ido creciendo con el programa, que va ya por su versión 9, y se ha convertido en el nuevo laboratorio, en el que los fotógrafos emplean horas y horas para convertir negativos –digitales- en copias impresas.

Entonces la diferencia entre los aficionados y lo que en Nikon denominan ‘aficionados entusiastas’ era la búsqueda del control en todas las fases del proceso para obtener la máxima calidad posible o bien simplemente un resultado más acorde con los gustos personales. Apostaría a que la parte del cambio que más habría disfrutado Mr Adams es el paso del laboratorio químico al laboratorio digital. De todas las horas que empleaba de manera obsesiva repitiendo copias y exponiendo su cuerpo a productos muy tóxicos, al menos se habría ahorrado la segunda parte. El método que utilizaba en tres pasos (detallados en sus libros ‘La cámara’, ‘El negativo’ y ‘La copia’) sigue siendo igual de válido hoy para la captura, revelado e impresión. Han cambiado las herramientas, pero no así el objetivo. Su técnica se resume, si es que esto es posible, en el llamado ‘sistema de zonas’ que no era otra cosa que dividir la gradación de luz de una escena en diez zonas distintas, del blanco al negro. La diferencia fundamental es que ahora estas herramientas están al alcance de un público mayor. Programas como Photoshop, Photopaint o bien otros de distribución libre como Gimp hacen que podamos tratar de emular a los maestros sin necesidad de hacernos con un aparatoso y costosísimo laboratorio.

La ética para definir la frontera –siempre subjetiva y difusa- sobre que retoque fotográfico es admisible y cuál no, tampoco ha cambiado. Antes era igual de posible que ahora. Mi criterio personal en las fotografías de montaña y naturaleza es tratar de reflejar lo que vi en el momento. Grandes fotógrafos de naturaleza como John Shaw convertidos a digital hacen una declaración deintenciones parecida. La forma que tienen las cámaras de capturar la realidad no se parece siempre a nuestro ojo. Nuestra capacidad para distinguir tonos de luz está muy por encima de cualquier cámara, con película fotoquímica o sensor digital. En el laboratorio químico en ocasiones se emplean cartones recortados o métodos similares para ocultar una zona de la imagen y que no reciba luz durante el paso a papel. Una de las operaciones más sencillas en estos programas es esa, aclarar zonas oscuras o bien oscurecer zonas que se han ‘quemado’ en la toma. El resultado muchas veces se parecerá más a lo que vimos en la realidad.

Desde las herramientas más sencillas para mejorar el contraste, la iluminación o la saturación de color hasta otras más complejas como la posibilidad de unir dos imágenes –una muy oscura y una muy clara- para ver detalles en la sombras y las luces más altas, el laboratorio digital ofrece posibilidades similares y en ocasiones muy superiores al fotoquímico. Las distorsiones en la perspectiva y otros defectos comunes a las cámaras y objetivo de gama media o baja pueden ahora ser corregidos en buena parte. La revolución también ha llegado al blanco y negro digital y a otras etapas del proceso como la copia a papel, en donde las modernas impresoras de tintas pigmentadas dan unos resultados cada vez mejores, en particular en ese tipo de fotografías sin color, en donde están casi a la altura del mejor –y más caro- positivado químico.

La creatividad no tiene límites ahora y como el propio Thomas Knoll reconoce, cada día se sorprende de lo que son capaces de hacer algunas personas con su programa. Si en el artículo ‘La importancia del método’ de la revista de 2005 hablaba de las posibilidades de una cámara digital y de la importancia de aprender todo lo que nos ofrecen, no lo es menos en el caso del procesado posterior. Y no se trata de efectos especiales. La ‘democratización’ del laboratorio fotográfico acercándolo cada vez a más bolsillos hace todos que podamos jugar a ser Ansel Adams. Salvando las distancias, por supuesto.

(para la revista 'Artabrado' de la Sociedad de Montaña Ártabros)




1 comentario:

JoseLuis Cano dijo...

Buen artículo sobre el maestro Adams,
me lo he leido enterito.
saludos