jueves, agosto 06, 2026

La crónica de Sudáfrica y Eswatini

Esta entrada contiene algunas de las fotografías hechas en Sudáfrica y Eswatini en 2026. Aquí hay una galería con más.

18 y 19 de julio de 2026

Volamos a Johannesburgo vía Madrid y Estambul. Lorena viaja en total con 8 kilos de equipaje y yo con algo más, todo equipo fotográfico. Llegamos temprano y nos recoge Marta, que será nuestra guía durante todo el viaje. Cada tarde-noche tendremos un pequeño resumen -briefing- de lo que vamos a hacer al día siguiente. También viajará con nosotros Óscar, que está aprendiendo la ruta para guiar el siguiente grupo.

Cuando estamos todos -somos 17 viajeros- salimos en un autobús con remolque para hacer la primera visita del viaje sin pasar por el hotel. Soweto es el township más grande y conocido de África, y la cuna del movimiento anti-apartheid. De camino paramos un momento a ver el Estadio Soccer City, donde España ganó su primer mundial de fútbol y en el día -eso aún no lo sabemos- que ganará el segundo.

El nombre de Soweto viene de South Western Townships y actualmente tiene entre 3 y 4 millones de habitantes, aunque como en cualquier asentamiento informal esto no deja de ser una estimación grosera. En el barrio de Orlando West visitamos el memorial de Hector Pieterson, asesinado por la policía junto a otras 175 personas -más de 500 en todo el país en los días siguientes- cuando participaba con 12 años en una protesta escolar por la imposición del afrikáans como lengua en las escuelas. La fotografía que hizo un reportero gráfico dió la vuelta al mundo. El día de su muerte -16 de junio- es ahora el Día de la Juventud en el país.

A unas manzanas está la casa donde vivió Nelson Mandela que también está convertida en un museo, y cruzando al barrio de Orlando East hacemos la última parada del día en las Soweto Towers, unas antiguas torres de refrigeración de una central térmica que ahora son centro de ocio y están decoradas por fuera, siendo visibles desde todo el barrio. De vuelta vemos el hospital más grande de África, el Chris Hani Baragwanath.

Finalmente nos vamos al hotel Radisson RED en Rosebank, una de las mejores zonas de la ciudad. Esta noche se celebra la final del mundial del fútbol, pero entre el poco interés que tenemos y que estamos reventados del viaje lo cambiamos por la cama, haciendo una pequeña parada en el bar de la azotea para ver de nuevo un espectacular atardecer africano. También para cenar y conocer un postre típico local que nos acompañará todo el viaje: el malva pudding.

20 de julio

Salimos de Johannesburgo en dirección nordeste hacia el cañón del río Blyde, el tercero más grande del mundo con 26 kilómetros de largo y 750 metros de profundidad. Las carreteras y autopista de Sudáfrica no se parecen a las de otros países de su entorno. Están en muy buen estado y podemos viajar en autobus en lugar de un camión todoterreno. Por el camino vemos varias minas y centrales térmicas de carbón, la principal fuente de electricidad del país. Hacemos una parada para comer en una estación de servicio enorme y desde la terraza empezamos a ver fauna: avestruces, búfalos y eland. Aunque lo que estamos viendo probáblemente es una granja, en Sudáfrica es posible ver fauna -libre- desde casi cualquier carretera. Aprovechamos para comprar un adaptador de enchufe.

Siguiendo camino vemos kilómetros y kilómetros de plantaciones de mandarinas y nueces de macadamia. Llegando al cañon, que forma parte de las montañas Drakensberg, giramos hacia el sur haciendo la llamada Ruta Panorama, que sigue una serie de miradores. El primero es el de las Tres Rondaveles, unas montañas con forma similar a las construcciones con ese nombre.

Unos kilómetros después llegamos a Bourke's Luck Potholes, donde el río se encañona mucho y haciendo una pequeña bajada podemos ver unas curiosas formas de erosión con aspecto de grandes ollas. En el parking vemos un suimanga bicollar, unos de los cientos de pájaros que veremos en todo el viaje.

El día termina en Graskop, donde el cañón se estrecha al punto de poder cruzarlo por un puente peatonal colgante, y se puede visitar el fondo bajando en un ascensor. Estamos rodeados de bosque afromontano, un ecosistema en forma de selva subtropical de montaña similar en varios aspectos a la laurisilva. También se puede hacer una actividad de tirolina y un péndulo -The Big Swing- cayendo 110 metros al fondo del cañón, los primeros 70 en caída libre. Nos quedamos en el Mogodi Lodge, justo al borde del cañón.

21 de julio

Madrugamos -3:30 am- para llegar pronto a la entrada del que será nuestro primer día en el Parque Nacional Kruger. Es una de las reservas de fauna más grandes del continente, con una superficie que dobla la provincia de Lugo y eso sin contar la parte de Mozambique (es un parque transnacional).

Entramos antes de amanecer por la puerta Phabeni donde nos esperan dos todoterrenos con los que serán nuestros guías, Chrisman y Muzi. Los vehículos son pickup Toyota Hilux con una caja abierta detrás con tres filas de asientos en las que nos iremos rotando. A primera hora hace mucho frío pero tenemos unas mantas para cubrirnos. También es muy recomendable cubrirse la boca o el pelo si lo tienes largo, por los caminos hay mucho polvo.

No es necesario decirlo pero los parques no son zoológicos y ver fauna -particularmente depredadores- es una cuestión de suerte. Además el Kruger es una sabana arbórea cerrada, lo que hace un poco más difícil ver animales y mucho más aún hacer una foto limpia. Pero para que te toque la lotería siempre puedes comprar más boletos, en forma de visitar la reserva varios días y hacerlo con un guía especialista. El Kruger NP es uno de los pocos parques de África con algunas pistas asfaltadas y que permite la entrada con vehículos particulares o alquilados. Puedes interrumpir una fila de elefantes con tu Toyota Yaris.

Pasaremos casi diez horas en el parque con varias paradas en zonas acotadas para tomar café, ir al baño o comer. El primer día vemos sobre todo herbívoros -cebras, elefantes, ñús, impalas-, con excepción de unas hienas al principio del día, un chacal de lomo negro de lejos, y una pareja de leones al final.
También muchas aves, entre ellos: toco piquigualdo sureño o flying banana, turaco gris, cálao terrestre sureño y buitre dorsiblanco africano.

Salimos del parque casi anocheciendo por la puerta Numbi y nos quedamos en el Anew Resort Hazyview, un pequeño paraíso con unas instalaciones, una atención y una comida estupenda.

22 de julio

Volvemos a madrugar para entrar antes de amanecer y en lugar de ir haciendo paradas vamos directos a la zona del río Sabie donde podemos tener más posibilidades de ver carnívoros. Y tenemos suerte, primero unas hienas y luego un leopardo que acaba de cazar lo que parece un impala -los llaman el McDonalds del parque- y lo tiene en la copa de un gran árbol.

El resto del día veremos más hervívoros: kudus, hipopótamos, búfalo del cabo.

También muchas aves nuevas: águila marcial, pigargo vocinglero, estornino del cabo, alimoche sombrío, jabirú africano, picabueyes piquirrojo y una cigüeña lanuda.

Volvemos a Hazyview y nos preparamos para la última jornada en el parque. La colada de anoche no ha terminado de secarse, hay mucha humedad ambiente.

23 de julio

Entramos de nuevo de madrugada, viendo amanecer y tomamos una ruta nueva hacia el sur. Hoy no tendremos suerte con los big cats, únicamente veremos a una pareja de leones apareándose a lo lejos y entre unos arbustos muy densos. Pero sí vemos de nuevo más hervívoros como el facocero, el raficero común o Steenbok, jirafas y cobos de agua o waterbucks.

Las aves del día son el águila culebrera sombría, un chorlitejo tricollar, una garza real, una carraca lila, un alción estriado a lo lejos, y un martín pescador pío haciendo vuelo estático para hacer un picado al río a pescar.

Casi finalizando el día recibimos un aviso de un rinoceronte y vamos directos a verlo. Tiene los dos cuernos cortados para evitar que lo maten los cazadores furtivos. Hay muchos vehículos juntos y algún conductor privado ignora deliberadamente las normas de cortesía del parque. Ya tenemos los cinco grandes.

Salimos por la parte sur del parque para ganar algo de tiempo mañana. Cruzamos un puente desde el que vemos cocodrilos y varanos. Hoy nos despedimos del Kruger y de nuestros guías.

Nos alojamos en el Pestana Kruger Lodge, con unas cabañas magníficas, una terraza con vistas al río, piscina y hasta un tobogán enorme como si fuera un parque acuático.

24 de julio

Salimos temprano para cruzar a Eswatini y aprovechar el día. Al contrario de otras fronteras terrestres africanas esta es muy sencilla y ordenada. Cuño de salida, cuño de entrada y listo. Por el camino vemos kilómetros de plantaciones de caña de azucar y hasta una fábrica: es una parte fundamental de la economía del país.

La primera actividad del día vuelve a ser ver fauna en el Parque Nacional Hlane conocido especialmente por los rinos, pero en este caso además de game drive -safari en vehículo-, vamos a hacer game walk -safari a pie-. Esperamos nuestro turno en la entrada viendo ya varios ejemplares de rinoceronte e hipopótamo a escasos metros y separados de nosotros por una valla ridícula. También un tejado exterior lleno de murciélagos.

Cuando nos toca nos montamos de nuevo en dos todoterrenos y nos movemos hasta encontrar la zona dondes están los rinos. En ese momento nos bajamos y caminamos hasta donde están. Los rinocerontes blancos no son agresivos, si fueran negros no podríamos hacer esto. Mientras los observamos a una distancia prudente pasa por detrás de nosotros otro antílope, un nyala.

Hoy dormiremos en un sitio curioso. Se trata de la reserva privada Royal Jozini en la que uno se puede comprar un trozo de terreno y hacerse un chalet. Y varios de ellos y algún lodge pueden alquilarse. Estamos separados por grupos y nos llevan y traen en un todoterreno; moverse por el parque no es una buena idea, y menos de noche. A pesar de la luna casi llena hago una fotografía nocturna en la que casi es aprecia la Vía Láctea. Después cenamos todos juntos en un buffet rico y variado. Con el postre llega el rito iniciático de abrir la botella de Amarula: un viaje con Kananga no es lo mismo sin él.

25 de julio

En el camino de salida de Royal Jozini vemos más fauna, entre otros el marabú, uno de los cinco feos. Además de la lista clásica de los cinco grandes -elefante, rinoceronte, búfalo, león y leopardo- hay muchos otros cinco.

Salimos de Eswatini, de nuevo con un paso de frontera sencillo, y vamos a la costa sur en dirección a Santa Lucía. Antes de instalarnos vemos el océano Índico muy batido en la playa de Jabula.

Llegamos al pueblo y vamos a comer cogiendo comida preparada en diferentes supermercados. Una de las cosas que más llama la atención es que está todo lleno de carteles advirtiendo la presencia de hipopótamos. Normalmente ver a uno fuera del agua es muy peligroso, son territoriales y muy agresivos. Pero aquí se han acostumbrado a la presencia humana y cuando salen del agua para comer al anochecer cruzan el pueblo sin mayores complicaciones.

Santa Lucía está en el parque nacional iSimangaliso, el segundo más grande de Sudáfrica y tiene varios ecosistemas diferentes, incluyendo una laguna-estuario, un humedal, una sabana arbórea y el océano. Lo que a veces parecen montañas son grandes dunas. Empezamos con un safari acuático donde vemos varanos, cocodrilos, hipopótamos y algunas aves.

A continuación nos subimos a dos todoterrenos para hacer un game drive. Vemos cercopitecos, búfalos, jacanas -o pájaro Jesucristo-, cormoranes, kudus y babuinos.

También un leopardo, aunque yo no consigo fotografiarlo. Finalizamos el día tomando una merienda en un mirador hacia la puesta de sol.

Por la noche Jaime consigue grabar a dos hipos cruzando el hotel desde la piscina a la entrada de recepción.
26 de julio

Viajamos siguiendo la costa, pasamos Durban -el principal puerto del país- por la circunvalación y seguimos en dirección norte. Por el camino paramos en un museo que conmemora el sitio donde fue capturado Mandela. Hay una exposición con toda la historia del apartheid y un camino exterior con 27 hitos, tantos como años pasó en la carcel, acabando en una peculiar escultura.

Después continuamos bordeando la frontera con Leshoto de nuevo en las montañas Drakensberg para ir a nuestro alojamiento de hoy, los bungalows de Windmill Farm en el paso de montaña Oliviershoek. Estamos a más de 1700 msnm y por la noche hace frío. Vamos a quedarnos dos días y aquí nos pueden hacer la colada.

27 de julio

Desayunamos temprano y cargamos una mochila ligera con agua y algo de comer para hacer un trekking por el Parque Nacional Royal Natal (Patrimonio de la Humanidad). Vamos a hacer 16 km (ida y vuelta) y subir un desnivel de 600m en las montañas hasta el cañón del río Tugela, que tiene una de las cascadas más altas del mundo (hay cierta controversia sobre si es la mayor o no). La primera parte es relativamente sencilla y con unas espectaculares vistas a un anfiteatro con la parte superior de basalto y la inferior de arenisca.

La segunda parte es más corta pero más compleja, con pasos con pequeñas trepadas y zonas de caos de rocas. Pero al final nos espera una espectacular garganta que ahora apenas lleva agua. La cascada también está seca en esta época.

Antes de cenar Marta nos convoca en su bungalow para hacer el briefing tomando un 'piscolabis' -sic-. Las Supernenas -las cuatro chicas gen Z que llevamos en el grupo- no entienden este término boomer. Tenemos dulce, salado, Amarula y hasta gintonic.

De noche -y la siguiente madrugada- hago de nuevo fotografías del cielo a pesar de la luna.

28 de julio

Hoy es un día de transición. Vamos a Johannesburgo para coger un vuelo a Ciudad del Cabo. Nos depedimos del que ha sido nuestro conductor, Vincent, y es el momento de agradecerle lo bien que nos ha tratado.

Nos alojamos en el puerto histórico Victoria and Alfred Waterfront, la parte más exclusiva de la ciudad, en el hotel Radisson RED, un sitio curioso con máquina de palomitas y videojuegos arcade clásicos en el vestíbulo. Llegamos con el tiempo justo para un paseo corto por los alrededores, que son una zona portuaria que se está reconvirtiendo -y gentrificando-. Desde la enorme ventana de nuestra habitación podemos ver un astillero y la Montaña de la Mesa, el accidente geográfico más característico de la ciudad.

29 de julio

Madrugamos -una vez más- para ir al este al puerto de Gansbaai donde embarcaremos en un pequeño catamarán para ver ballenas. Por el camino pasamos por la zona de viñedos que dan fama a los vinos de la zona y recorremos por la costa False Bay -la bahía falsa- llamada así porque los marinos que volvían del Índico doblaban un cabo pensando que era el de Buena Esperanza sin saber que aún les quedaba otro.

En esta época del año hay ballenas francas australes y ballenas jorobadas llegadas de la Antártida. Las primeras las vemos a escasos metros del barco en un ritual de apareamiento en el que varios machos -hasta 15- se unen a una hembra. Aunque estas no saltan podemos ver como se revuelven y sacan las aletas dorsales -mucho más pequeñas que las de las jorobadas- y la cola. Las otras las intuimos de lejos en mar abierto saltando fuera del agua.

De vuelta el autobús nos deja en el Bo-Kaap, el barrio malayo, por donde damos una pequeña vuelta antes de bajar al centro. Está lleno de pintadas y banderas a favor de la causa Palestina. Paseamos por los jardines de la Compañía, y vemos algunos -pocos- edificios que quedan con la arquitectura colonial y el ayuntamiento, desde cuyo balcón Mandela dió su famoso discurso de la libertad al ser excarcelado. Hoy cenamos unos pocos en el Karibu, especializado en carnes diferentes como avestruz y antílopes como el springbok.

30 de julio

La última actividad del viaje es una excursión a la península del cabo. Desde el hotel salimos por la costa oeste donde hay un barrio de casas de mucho nivel y una zona de acantilados llamada los 12 apóstoles. La costa serpentea haciendo varias bahías como la de Hout, que podemos ver desde un espectacular mirador.
Seguimos hasta llegar al extremo de la península donde hay dos puntas, Cape Point, que es donde está el faro, y el propio Cabo de Buena Esperanza, más al oeste. Su nombre original -Bartolomé Díaz lo bautizó como Cabo de las Tormentas- fue modificado por el rey Juan II de Portugal para no desincentivar la navegación. Entre los dos seguimos un sendero por los acantilados desde el que podemos ver elands, uno de los antílopes más grandes. Y una vez abajo podemos hacernos la fotografía clásica en el cartel del cabo. En unos islotes pegados a la costa hay docenas de leones marinos y cormoranes. En el inicio del camino de vuelta en el bus también vemos otro antílope poco habitual, un damalisco o bontebok.

Volvemos a la ciudad por la costa este de la península y paramos en la reserva marina de Boulder Beach para ver una colonia de pingüinos africanos. Hay unas pasarelas y mucha gente, me genera sentimientos encontrados por más que sea un área de conservación.
Por la noche tenemos la cena de despedida con Marta y Óscar en el Fish Market, otro de los clásicos del Waterfront. En un sorteo me toca un mapa de Sudáfrica que ha ido usando Marta durante el viaje marcándonos los itinerarios.

31 de julio y 1 de agosto

Damos un paseo corto por el centro, nos recogen en el hotel a la 1 pm y empezamos el camino de vuelta a casa, a donde llegaremos 32 horas después

Epílogo

Hace muchos años había un blog dentro de la web de El País que se llamaba 'Africa no es un país'. Hay muchas Áfricas dentro de África y este viaje ha sido uno de los más cómodos que hemos hecho por el continente (11 y seguimos). Sudáfrica tiene uno de los PIB per cápita más altos del continente y en consecuencia uno de los mayores IDH. Pero también es uno de los más desiguales, y esto es especialmente sangrante en Capetown. Es imposible entender todo este contexto sin conocer la historia de la colonización y la más reciente: el régimen del apartheid duró hasta 1992 y las cicatrices son aún muy visibles. Los blancos han perdido el poder político pero retienen el económico.

Pero que haya sido un viaje un bastante más cómodo -lujoso con algunas comillas- que el de empezamos hace dos años en Zambia, no lo ha hecho peor. Hemos tenido mucha suerte con el grupo, con el tiempo, con los avistamientos de fauna y por encima de todo con Marta, la mejor persona que podía habernos tocado como guía, con una pasión por el continente y por el país muy contagiosa. Aunque la suerte también la hacemos un poco entre todos.

Gracias a todos: Lorena, Katxo, Lluis, Carola, Raquel, Hana, Josep, Montse, Carmen, Jaime, Massimiliano, Tea, Sonia, Alexia, Lluïsa, Carla, Jordi y Marta. Ha sido un placer viajar con vosotros. Espero poder repetir.

Notas de viaje

  • El agua es potable, y aunque mantuvimos la costumbre de beber agua embotellada, sí la usamos para lavarnos los dientes.
  • La clavija de enchufe es rara y conseguir un adaptador en España no es fácil. Allí sí. De todos modos casi todos los hoteles tenían también enchufe europeo.
  • Cambiamos rands en el propio aeropuerto, donde no aplican peores tasas que en otros sitios. El lilangeni de Eswatini está fijado al rand uno a uno, aunque pueden usarse rands igualmente.
  • Se puede pagar con tarjeta en casi todas partes, es más, hay muchos sitios donde no aceptan efectivo. Pagamos alrededor de un 1% de comisiones de cambio.
  • Pudimos comprar fruta fresca, yogures y otras cosas sin mayor problema en todas las poblaciones.
  • En hostelería un 10% de propina es una cantidad apropiada. Para guías y similar dos euros -o su equivalente en rands- por persona y día.


  • Anexo (sólo para fotógrafos frikis)

    Tal y como empecé en Zambia, mi equipo han sido dos cuerpos Sony APS-C casi idénticos: A6300 y A6400. La segunda enfoca algo mejor y es la que uso con el teleobjetivo, un Sony 70-350G (equivalente más o menos a un 100-500). Después de muchas pruebas este rango de focales es el que más me gusta para fauna y el conjunto es muy compacto. Tanto este objetivo como los dos cuerpos están sellados frente al polvo, la humedad y las salpicaduras. En el otro cuerpo -que también hace de posible backup- monto un 16-50 (eq 24-75) pero apenas lo uso, casi todas las fotos en esas focales las hago con el teléfono (iPhone 16pro). La GoPro no salió de la mochila y el 12mm de astrofoto los usé de forma casi testimonial.

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